Averno recordó que su padre fue su primer y más estricto maestro durante sus inicios en la lucha libre, una etapa marcada por la disciplina, la exigencia y la ausencia de privilegios por pertenecer a una familia vinculada con el pancracio.
El luchador explicó que creció observando la trayectoria de su padre, quien compitió durante las décadas de 1960 y 1970. Desde niño lo consideró una figura ejemplar y desarrolló el deseo de seguir sus pasos dentro del ring.
Sin embargo, el camino hacia el profesionalismo no fue sencillo. Averno relató que su padre era más severo con él que con otros alumnos y que evaluaba cada paso de su preparación con una disciplina rigurosa.
“Fue muy duro conmigo, me exigía más que a los demás y era mucho más estricto. Siempre me decía que, si no me gustaba, me bajara del ring”.
De acuerdo con el recuerdo del luchador, esa formación buscaba prepararlo para enfrentar a los mejores exponentes de la lucha libre. La exigencia también implicaba demostrar que podía construir una carrera por sus propios méritos y no únicamente por el apellido familiar.
Averno también señaló que su padre le enseñó los fundamentos del oficio y que su cercanía con el ambiente luchístico comenzó desde la infancia, entre capas, mallas y entrenamientos.
“Mi papá fue luchador en las décadas de los 60 y 70. Para mí era como Superman; cuando eres niño, quieres hacer todo lo que hace tu héroe”.
Con el paso de los años, el luchador transformó aquella preparación estricta en una base para desarrollar su estilo y consolidarse como uno de los rudos más reconocidos de México.
Aunque en su momento la disciplina de su padre representó una dificultad, Averno afirmó que actualmente agradece la forma en que fue educado. En su opinión, esa exigencia le permitió estar listo para los retos más importantes de su carrera.

