Unos 20 millones de niños y adolescentes de entre 12 y 17 años sufrieron al menos una forma de explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología durante un año en 21 países, de acuerdo con un informe de Unicef publicado el 3 de septiembre de 2026.
La cifra equivale a casi uno de cada cinco menores que utilizan Internet en los países analizados. El estudio advierte que las agresiones ocurrieron tanto en redes sociales como en videojuegos y otros espacios digitales de uso cotidiano.
Redes sociales, el principal espacio de riesgo
El informe estima que más de 15 millones de menores estuvieron expuestos a contenido sexual no deseado, mientras que alrededor de 9 millones fueron presionados para mantener conversaciones de carácter sexual o compartir imágenes íntimas. Además, unos 4 millones reportaron que imágenes sexuales suyas fueron compartidas sin consentimiento.
Cerca de 60 por ciento de los casos ocurrió en plataformas de redes sociales como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y WhatsApp. Otro 14 por ciento se registró en videojuegos en línea, según los resultados del estudio.
La investigación se basó en encuestas representativas realizadas entre 2020 y 2025 a aproximadamente 21 mil menores usuarios de Internet en 21 países de África, Asia, América Latina, el Caribe y Europa del Este. También incluyó entrevistas en profundidad con jóvenes que sufrieron abusos durante su infancia.
La mayoría de los casos no llega a las autoridades
Unicef señaló que menos de uno por ciento de las experiencias fue comunicado a la policía, trabajadores sociales o líneas de ayuda, mientras que más de cuatro de cada 10 casos no fueron contados a ninguna persona. Entre las razones para guardar silencio se encuentran la falta de información sobre dónde pedir apoyo, el miedo y la vergüenza.
El reporte también indica una relación preocupante entre estas formas de violencia y la salud mental. Los menores que enfrentaron explotación o abuso sexual facilitado por la tecnología presentaron una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos o conductas suicidas y de autolesionarse, además de niveles más altos de ansiedad.
El organismo internacional pidió a los gobiernos, las empresas tecnológicas y los servicios de protección infantil reforzar los mecanismos de denuncia y atención, mejorar la privacidad predeterminada y revisar las funciones de las plataformas que pueden facilitar el contacto, la presión o la difusión no consentida de material sexual.

